Libro de viaje: Iniciar una nueva vida en Canadá
Irse al frio para despertar
Al comienzo todo parte de un momento de decisión que divide la vida en dos
Después de cuatro años de vivir en Canadá y casi el mismo tiempo sin ir a mi adorada Colombia, me pregunto en que momento sucedió el hecho de que un lugar lejano, nevado y que uno solo veía en las películas y tarjetas postales se volviera tan familiar y común; y que al mismo tiempo mi vida en Bogotá se volvierá como aquellas fotos que se vuelven amarillentas con el pasar del tiempo y tan ajenas a la realidad diaria.
En este artículo le propongo al migrante entrar en un viaje retrospectivo que invite a la reflexión en cuanto a que momento se gestó su viaje mucho antes de comprar tiquetes de avión o escuchar idiomas extranjeros. A quien continue en Colombia y tenga planes de emigrar para que evalue bien los riesgos y oportunidades de viajar a países de “fronteras abiertas a la inmigración” como Canadá y Australia.
Desde pequeño le martillan a uno en la cabeza, salga del país mijo, “la medicina se acabó en el país con la ley 100”, “eso lo mejor es que se eduquen afuera y después si quieren pues devuélvanse”, “un pasaporte extranjero es un activo muy grande, fijese la esculcadera cada vez que viajamos a Estados Unidos”.
Así es que entre avenidas de 8 carriles y a los dieciseis años le dije a mi madre con tono emocionado que yo tenía que forjarme paso en el extranjero. Realmente era lo mío, ese fue el momento en que así seguiría viviendo en Colombia yo en mi mente ya había hecho maletas.
Me gradué del colegio y me fuí en el típico intercambio pero a afianzar el francés en Québec. 3 meses después me fuí a París y allí realmente despegó el idioma y adquirí un nivel lo suficientemente fluido. En París por primera vez viví un atraco cuando cometí el error de hablar inglés con un amigo holandés en un centro comercial gigantesco con piscina a bordo y 25 salas de cine“Les Halles” y dos africanos nos atendieron prestos, forcejeo y todo sin mayores consecuencias. Allí tambien viví los problemas raciales e ira de los árabes de segunda generación contra el mundo en general.
Luego ingresé a la Universidad de los Andés. En las primeras vacaciones de verano que tuve y con dieciocho años me fui a probar suerte en E.U. Llegué a Miami, me embarqué en una van con otros Colombianos y fui a dar un pueblo perdido de Carolina del Norte de unos 200, 000 habitantes en donde trabajé bajando cajas de camiones en un centro de distribución de la tienda por departamentos JC Penney´s. Allí me dí cuenta de la realidad de los mexicanos ilegales, de su gran espíritu de trabajo y sacrificio ya que en muchos casos trabajan dos tiempos completos 16 horas al día. Aún así son muy dinámicos, al punto que uno de ellos se quedó con mi trabajo por su gran productividad. Al fin al cabo tocó despertarse y sacudirse para recuperarlo. Archivo de audio aqui....
Los prejuicios son el paraguas de la ignorancia definitivamente. Tanto que se dice de que los afro-americanos y los latinos no se entienden y allí mis mejores amigos eran afroamericanos y tal vez la única invitación que tuve fué a un asado en donde yo era la unica persona no negra y me trataron como un rey.
Continuara...
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