Roberto armijo: Poeta de luz
"No puedo regresar a enterrar nuestros muertos..."
En uno de sus tantos poemas escritos en alguna noche de su destierro parisino, Roberto Armijo pareció adivinar que en su San Salvador nativo las tumbas de sus muertos no podrían esperar su retorno.
El peso del cuerpo abotagado por los años de exilio venció al Poeta pero, como un día él le escribiera a Whitman, "El aliento de Dios le dio una voz", una voz que retumbará más allá de sus breves sesenta años y por siempre, como paradoja de sus propios versos, le permitiese "ser salvado por la poesía, viajar a la tierra del mito y de la fábula, territorio donde bajo un árbol tiene raíz y prado". El próximo 24 de marzo hará 10 años que Roberto se fue a continuar, quizás, añorando su San Salvador. Sea la oportunidad de recordarlo con delicia.
No tuvo (talvez no quiso) el Poeta de Montmartre -donde todos no terminan de dar razón de él- que publicar casi ningún libro de su abundante y prodigiosa pluma para trascender, igualmente, todas las fronteras. Como bien dice Carlos Cortés en el prólogo de los "poemas europeos", Armijo sólo publicó un poemario a lo largo de su prolongado exilio en París, "Homenajes y otros poemas". Resulta entonces curioso, pero no menos significativo, que en el año de su muerte aparezcan tres libros y una revista enteramente dedicados a él, aunque sólo esta última haya sido concebida como homenaje póstumo.
Es así como hemos tenido la fortuna de conocer "Los parajes de la luna y la sangre" publicados en la colección Chilam Balam, Editorial Guayampopo de San Salvador en enero de 1997, prologados pródigamente por Sergio Ramírez Mercado quien escribe en uno de sus apartes "Los parajes de la luna y la sangre", es un breviario de sus soledades, y en muchos sentidos, un compendio, purificado, de toda su poesía anterior, porque las claves siguen siendo las mismas. Otra vez lo siento acercarse con paso de Withman a su paisaje telúrico, no un gran paisaje trepidante, no un gran decorado de praderas y chimeneas, sino el agreste rostro rural de su pequeña heredad volcánica; y con paso de Vallejo, acercarse a su casa de Chalatenango ya para siempre despoblada donde siempre huele a viejos sudores el padre, está la madre iluminada frente al fogón, se esconden, huyen los hermanos..."
Y cuando ya no sea guijarro que hiere tus pies
y haya llovido sobre el pedazo de mis equivocaciones
recordarás los pocos instantes luminosos que te dí
Mis ojos ya no podrán entonces llorar un día milagroso de otoño
y enterrados allá donde el fuego de la tierra hace las piedras
iluminarán tus labios
porque el ruiseñor tiene el grano para su hambre
y la brizna para hacer su nido
pero adivino que allá en el mundo donde vives
en Xilalbá en Serendib en Zanzíbar Catay o Cipango
donde corren ríos de nombres mágicos
como el Usumacinta el Lempa el Prinzapolca El Nilo o el Ganges
una mujer me abre los brazos.
En el mismo mes, la Colección Poesía de CONCULTURA del Salvador, publica "Cuando se enciendan las lámparas", conjugando el hondo dolor de lo perdido con su inalienable fe en el mañana, jugando las palabras con Ulises, Penélope o Berenice, con tío Conejo y tío Coyote, burlando y modelando su muerte y volando siempre, en un eterno juego infantil, en su alfombra de palabras:
YO ME doy el lujo de volar en una alfombra de palabras
Yo me quedo los domingos horas enteras frente a la Venus de Milo
imaginándola descender contenta para abrazarme
me enojo con la Victoria de Samotracia por los domingos sin fin
que he pasado los ojos de tierra frente a los ojos inmortales
Estas cosas ni la mujer de uno comprende
De todas maneras yo desconfío del Decamerón
Desconfío de ese libro de teología
del teólogo Cervantes
Hablo del sabio
cardenal romano que escribió ese libro matemático en sus palacios y jardines oyendo violines y clarinetes.
En Mayo del mismo año, la Colección Séptimo Día de EDUCA (San José de Costa Rica), da a luz "Poemas Europeos", compilación realizada por el escritor Carlos Cortés, de la mano del Poeta, en las puertas de su muerte. Este exquisito recorrido desde los años setenta, es bellamente plasmado por el prologuista "Durante este tiempo ( Desde 1970, año de su exilio), Armijo no sólo se convirtió en uno de los más importantes poetas centroamericanos de su generación, y quizá de nuestro continente, sino en una de las figuras centrales del exilio latinoamericano en París durante un cuarto de siglo. El hecho de llegar a Francia en medio de una suerte de encrucijada temporal, entre una época que moría y otra apenas naciente, le permitió frecuentar a Miguel Angel Asturias, Jorge Carrera Andrade y Pablo Neruda, grandes profetas de aquel fin de fiesta; y a la vez a Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique y otros notables contemporáneos suyos, que habitaron el París de sus sueños, y que marcaron un memento, una emoción, llena de lucha y a la vez de solidaridad, de lucidez, de belleza y sobre todo de literatura".
AL COMANDANTE GUEVARA
EN SU último minuto el héroe alzó la cabeza
y vio al asesino que llegaba a herirlo
Era un esfuerzo por sobrevivir
¿Quién vendrá a testificar acto mejor ?
El héroe no necesita el panegírico
no exige la oda
El tiene su vida
tiene su muerte
Aquellos que elogian su cabeza mitológica
su tos pegada a su pecho lleno de cansancio
engordan memorizando sabiamente sus páginas sus discursos
y puliendo las pequeñas imágenes de su efigie
En la hora del sacrificio fue magnífico
El pudo decir sin vergüenza alguna
Sólo viví para soñar la felicidad
para sufrir mi tos mi gorra guerrillera mi fusil
mi adrenalina
y como expresión suprema mi muerte.
Por último, como un compromiso tiempo atrás pactado y un infaltable homenaje al Poeta, María Lucía Gómez, su compañera de otrora, compendia a través de publicaciones Al otro lado del Mar (París, Mayo de 1997), "Homenaje a Roberto Armijo, dos meses después de su muerte", una serie de poemas, la mayoría inéditos, destacando sus epístolas "Los héroes anónimos de nuestra imaginación", "Los héroes de la pluma", "Canto y testamento para mí mismo", homenajes " Después de las tinieblas espero la luz", y poemas a Lucía. "...tan pronto supe la noticia me puse a escribir esta revista como homenaje a su memoria y como compromiso adquirido el 24 de marzo de 1996. Murió el 24 de marzo (de 1997), aniversario de la muerte de Monseñor Romero. Insisto en las fechas porque para él esas casualidades eran mágicas, como fueron muchas otras cosas en nuestra vida en común", escribe Lucía en su presentación.
No es posible despedir esta reseña de las tan merecidas publicaciones de la notable creación de Roberto Armijo, en el décimo aniversario de su muerte, sin decirle, sentida y respetuosamente: Poeta, te fuiste sin poder aceptar morir bajo cielos extranjeros, pero regresas en las palabras de tus versos mientras miras "las 7 cabritas, la luna de agua de tu infancia y asustado más cerca del polvo encuentras a tu padre...".
Gilberto Dueñas
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